Te subiste a un Uber.
Pusiste la dirección. Dijiste "buenas". Sacaste el teléfono.
Una historia. Un reel. Un mensaje. Otro reel.
Y de repente: "llegamos".
¿Por dónde vino? Ni idea.
¿Cómo era el chofer? Tampoco.
Y está bien. Para eso lo pediste. Alguien más manejaba.

El problema es cuando vives así.
Ahora te pregunto algo, pero de panas, respóndete en voz baja:
¿Cuántas veces te ha pasado eso… en la cama?
Llegaste.
Pero no sabes cómo.
Y el/la que manejaba no eras tú.
Era la costumbre. Era lo que viste en una pantalla. Eran las ganas de que alguien te dijera que vales.
Mira tu semana.
Trabajas. Estudias. Vas al gym.
Te miras al espejo. Te tomas un café o unos mates, una selfie. Y otra, por si acaso.
Cuidas a los tuyos. Haces planes. Tienes sexo.
¿Para qué?
Si eres honesto (u honesta), la respuesta casi siempre es la misma:
Para sentirte vivo.
Para sentir que eres alguien.
Y sin embargo, medio mundo hace todo eso sentado atrás, mirando el teléfono.
Yo también fui pasajero un buen rato y no había Waze.
Tenía 17 años, novia y nadie a quién preguntarle.
No había internet. No había papá en casa.
Y mis panas estaban tan perdidos como yo. Lo que uno no sabía, el otro lo inventaba con cara de experto.
Lo que sí había era una biblioteca. La de la Universidad Central de Venezuela.
Y un chamo buscando en los libros lo que nadie le explicaba en casa.
Ahí apareció un apellido raro: Grafenberg.
Ernst Grafenberg. El médico que describió el famoso punto G. (Agradecele la sonrisa después)
Pero no me quedé con el dato.
Me quedé con la pregunta detrás:
¿Cómo se genera placer real?
Después la vida me llevó por el camino de la salud.
Aprendí el cuerpo por dentro: dónde duele, cómo se alivia, qué necesita para estar bien.
Me sé el mapa bastante bien.
Y aun así, ningún libro de anatomía, ni fisiopatología me enseñó lo más importante.
Eso lo aprendí tarde. Con costo. Con historia.
Lo que aprendí fué esto:
La energía que te levanta a entrenar y la que te calienta son la misma.
Freud la llamó libido. Jung, energía psíquica. En el Tao se llama chi.
Yo le digo energía creadora.
Y tiene una sola regla:
Va a donde la pones y "cuando la ponés" tambien.
Si la canalizas, construye: proyectos, vínculos, una versión tuya que te guste.
Si la desperdicias, te anestesia.
Y esa anestesia es exactamente eso:
Ir de pasajero en tu propia vida.
Por eso da igual un juguete o muchos cuerpos.
Si no estás presente con lo que sientes, es como no tener nada.
Así que te hago una sola pregunta, sin trampa:
¿Puedes estar presente?
No hace falta que contestes ahora.
Y no hay forma de hacerlo mal.
Por eso Tienda Grafenberg no es una vitrina con mil cosas.
Cada producto está ahí porque lo elegí.
Porque sé cómo funciona en un cuerpo real.
Y porque sirve para que vuelvas al volante, no para que te sigas escapando por la ventana.
En cada uno te dejo un tip, del Dr G.
Como el pana que me hubiese gustado tener a los 17.
Entra sin culpa. Sin apuro.
Una cosa más, si decides ponerte al volante te dejo este codigo YOVIALDRG, y si te surge una pregunta, o simplemente quieres contarme algo, escríbeme . Te leo.
Mike A.K.A Dr. G
